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sábado 14 de enero de 2012

MONÓLOGOS DEL PIE IZQUIERDO

Discuto via telefónica con un policía alemán de autopistas mientras me llega un mensaje de alguien invitándome a la pesca del salmón rojo en Suecia y suena el "I got mine" de los Black Keys en la radio. La corbata mod negra me da un aire distinguido y respetable. Es mi maletín de piel de cocodrilo beige, mi Rolex antiguo, mi bate de béisbol. Soy el epicentro de una galaxia que me queda como un guante. La recepcionista me sonríe con su mejor sonrisa anodina y diligente. Todas las recepcionistas parecen un polvo fácil, aunque no lo sean. Como todas las señoras de la limpieza de algún país del este parecen incultas amargadas. Aunque no lo sean. Yo, sin ir más lejos, puedo parecer alguien normal, aunque en realidad sea un farsante. Pero eso es lo de menos; nada importa tan poco como lo que uno es realmente. Me lo repito como un mantra cada vez que tengo que hablar sobre mí mismo y me invento hasta la talla de los zapatos. Soy una quinceañera con minifalda entre un grupo de borrachos, un parado que paga las rondas, un Burberry's de saldo. Y cuando llevo los ojos rojos, a punto de estallar, digo que dormí poco, no que me bebí una botella entera de vino barato. Porque la gente, aunque no lo sepa, sólo quiere oír hablar del tiempo para poder despedirse rápido, sin la sensación de que dijo algo equivocado o se olvidó de decir algo interesante. Estamos de rebajas y de crisis, de bajón y de fiesta. Con la mosca detrás de la oreja y el alivio de saber que siempre nos quedará un terremoto, una sequía, una masacre, una hambruna o alguna injusticia social que nos haga recordar que aún con la mierda hasta las rodillas estamos atados a ese deber moral de sentirnos afortunados. Y sigo creyendo que la moralidad no es más que miedo.

6 turbulencias:

Espérame en Siberia dijo...

No sé si sea miedo por completo, pero de que es uno de sus ingredientes, lo es.

Te dejo besos, Guizmo. Muchos.

dEsoRdeN dijo...

...y un poderoso invento para cortar alas y reprimir almas

saludos farsantes

Sara dijo...

Cierto... siempre tratando de convencernos de que tenemos que dar las gracias a no se sabe quién... y conformarnos con lo que hay no sea que vayamos a peor. Moralidad que aplasta y tiñe la vida de resignación.
Saludos!!

Bellota dijo...

Malos tiempos y vino barato. Indefectiblemente unidos. Dejemos el bueno para brindar.

DeDe dijo...

Demasiada resignación en un mundo loco y cruel, donde el bueno es el malo y el malo, bueno es...

Estupendo post. Dá mucho que pensar!
Un saludo

Ramón de Mielina dijo...

El miedo tiene muchos disfraces