Decidí decírselo aquella noche. Podía haber elegido cualquier otra pero elegí esa. Ya no podía más.
Y mientras mi tenedor removía los restos de lasagna con desgana le dije: "tengo que contarte una cosa". Odié mi tono solemne. Sólo me faltaba decir: "me muero"...
Ella me miró, sin dejar de masticar, con curiosidad más que con preocupación. Con esa expresión de quien está seguro de que le están gastando un broma pero todavía no lo tiene claro. Suspicacia más bien.
"¿Qué pasa?" "Si es por el comino, te aseguro que ya lo he notado". Estaba jugando.
"Es algo que necesito que sepas de mí". "Algo que nunca le he contado a nadie".
"Vale" dijo. Dejó los cubiertos sobre la mesa y se limpió los labios con la servilleta. "Suéltalo. No será para tanto".
Miré alrededor, sin ver nada. El gato chino de la estantería seguía subendo y bajando la pata. El sonido de su mecanismo era parecido a un tic-tac. Incómodamente apropiado.
El paneo ocular se detuvo en mi plato, y allí se quedó. Tenía miedo de mirarla. Había una dulzura intimidante en sus ojos; no sabría cómo explicarlo.
"Hace unos años... maté a alguien... por dinero".
El aire se detuvo, comenzó a palpitar y recordé a aquel pobre hombre a quien yo no conocía de nada. No sabía ni su nombre. Me rogó por su vida. Tenía una familia. Por aquel entonces yo también era un pobre hombre, o algo parecido, un pobre proyecto de hombre. Pero eso no era excusa.
Y a ella... simplemente se le escapó una risa, de esas que llaman "flojas", y apoyó su mano sobre la mía. Yo esperaba, aunque no lo quisiera, una reacción distinta. Peor. Algún rastro humano de rechazo. En vez de eso me miró a los ojos, con las pupilas como cabezas de alfiler, con algo parecido a un gesto empático y me dijo: "no pasa nada. Todos hemos hecho cosas horribles".
mE cAigO dE SueÑo pARa buSCaR uN tíTuLo aL pOSt
Hace 1 hora.



2 turbulencias:
Maldita incrédula...
... adivina lo que habrá hecho ella..
Publicar un comentario en la entrada