Uno de los neones del techo chispea emitiendo un zumbido parecido al de esas lámparas matamoscas, lo cual hace que esta enfermiza luz azul como de sala de abducidos resulte todavía más insoportable. El aire apesta a acaroína y cetona. A la derecha una señal de "prohibido fumar", más allá el póster de una niña sonriente con coletas recordándonos la importancia de las revisiones odontológicas infantiles, sobre la máquina de café uno de esos eslóganes que intentan meterte miedo para que te decidas a donar sangre. Y por encima de todo esa atmósfera de tedio infinito, de espera hacia algo irremediable, como si fuésemos ganado en la cola del matadero. Odio las salas de urgencias...
Hoy comparto aburrimiento con una señora. Está sentada justo delante mío leyendo un ejemplar de Hola de hace dos meses. Parece que Jesulín vuelve a estar de actualidad pero desde aquí no consigo leer por qué. El pelo cardado y decolorido que sobresale quince centímetros por encima de la revista me lleva a pensar que la mujer debe tener más de sesenta años. De vez en cuando asoma sus ojillos arrugados para mirarme con ese desdén con que algunas personas mayores miran a los jóvenes. Debe creerse que no me doy cuenta pero sí lo hago. Que mire; seguro que soy bastante más interesante que la mierda que está leyendo...
Sigo aburriéndome durante unos minutos y al rato entra en la sala, con el sigilo de un bulldozer, un tipo de unos treinta y muchos o cuarenta y pocos. Lleva vaqueros, mocasines, calcetines blancos, una camisa arrugada que en los ochenta igual resultaba elegante y el pelo como si viniese de pelearse con un gato en una zarza. Parece una versión desaliñada de Bertín Osborne. La señora del cardado le mira de arriba a abajo. Yo también. Está sudando y parece que no sabe bien dónde ponerse. Finalmente viene hacia mí y se sienta justo a mi lado. Nunca entenderé a esa gente que se te sienta al lado cuando está lleno de sitios libres. Me enerva enormemente. Creo que lo llaman "invasión del espacio personal". Yo lo llamo "tocada de huevos", sin más. Por si fuera poco el tío apesta a habitación mal ventilada. En fin, supongo que debe faltar poco para que me llamen...
- "Hola" me susurra de repente, como quien te dice que llevas la bragueta abierta.
- "¿Perdón?"
- "Me llamo Umberto" dice. Luego me estrecha la mano, una mano con cinco uñas ennegrecidas y mordidas casi hasta las cutículas.
- "Vaya, como Umberto Eco" le respondo en un arranque de sociabilidad del que enseguida me arrepiento.
- "Sí, mis padres me lo pusieron porque nací el 5 de enero"
Yo no entiendo nada así que simplemente asiento.
- "Es el día que nació él ¿sabes?" (no me extrañaría nada que de repente dijera "mi mamá dice que la vida es como una caja de bombones")
- "Ah vale... Qué bien..."
Doy por terminada la charla y uso ese clásico de hacer como que saco el móvil para escribir un mensaje, un mensaje muy largo. La gente suele pillar la indirecta.
- "¿Y tú?"
(joder)
- "¿Eh?, ¿yo qué?"
- "¿Cómo te llamas?
- "Me llamo Lucas"
- "Es un bonito nombre... Lucas". Repite mi nombre lentamente con la mirada perdida como si intentase visualizarlo en el aire.
- "Sí, mis padres me lo pusieron por el pato" (ya puestos decido echar más leña a este absurdo fuego).
- "¿El pato?" pregunta el tal Umberto con cara de niño perdido.
- "Da igual, era una broma"
(a todo esto es evidente que nuestra compañera de espera tiene la antena puesta y no pierde detalle).
Vuelve a hacerse el silencio y por fín, como maní caído del cielo, hace acto de presencia mi salvador, con el ceño fruncido, una bata blanca y una carpeta entre las manos.
- "Lucas... ¿Bermejo?" (¿por qué cojones los médicos siempre dudan al decir el apellido cuando leen la lista? ¿Es algo que les enseñan en la universidad junto a lo de escribir como un mono puesto de crack?).
- "Sí, soy yo". Me levanto aliviado y antes de marchar me giro. Ante todo soy un ciudadano cortés...
- "Ala Umberto, encantado, que vaya bien".
- "Me llamo Carlos me responde con la voz y el gesto de una persona 'normal', totalmente distinta a la de antes.
Y luego dice: "hasta luego Lucas" y me guiña el ojo con una mueca.
Me quedo mirándolo, supongo que visiblemente extrañado. Ahora el niño perdido soy yo. Doy media vuelta y camino hacia el doctor como flotando.
- "Y bien Lucas, dígame ¿qué le ocurre?" me pregunta camino de la consulta.
- "Pues entre otras cosas que creo que acaban de tomarme el pelo".
El doctor, el tal M. Jimenez, se ríe y me dice: "no se preocupe. Es un actor que lleva semanas viniendo aquí y haciéndole lo mismo a otros pacientes. Parece ser que está preparando un papel; es eso que llaman el 'Método Stanislavsky', ¿lo conoce? Intentamos echarle una vez pero al parecer lo que hace no es ilegal".
- "Vaya" le respondo mientras por dentro me cago en el tal Stanislavsky y en su método...
Poner en marcha una lavadora
Hace 2 horas



6 turbulencias:
jajajaja muy bueno!!! por lo menos una anecdota divertida de la estancia en urgencias!!!. Cuando se sale a la sala d espera el nombre se dice como preguntando xq puede haber mas personas con el mismo nombre y con el mismo nombre y apellido!!!! o puede que este en el baño en ese momento o q el apellido este mal escrito, o q lo pronuncies mal y todo el mundo te mira como diciendo..mmmm comorrr? Y no se,siempre se ha echo asi!!!. Te he encontrado de casualidad pero me ha gustado econtrate. Un beso
"La vida es como una caja de bombones"...me gusta. Como en Tokio Blues
Jaja. Uno no puede fiarse ya ni en la sala de espera del dentista. Qué útiles son los móviles para estas situaciones... En el libro de instrucciones debían incluir un apartado tipo: supuestos mensajes y llamadas "quita-pesados-de-encima", o las llamadas "evita-saludos"... Benditas tecnologías.
¿Y no le pediste un autógrafo? A ver si el tal Umberto, digo Carlos se va a hacer famoso y tú contribuiste a ello con tu ingenuidad (la misma que hubiera tenido yo en esa situación.
Me gusta que saques tu sentido del humor. Es inmenso.
Un besito, picarón.
Muy buena entrada, te he querido "coger"... en renuncio, pero he visto que estás muy bien documentado, Humberto nació el 5 de Enero y el 'Método Stanislavsky' del que no tenía ni idea ya se de que va.
jajajajaja... (qué buena es a veces la simple risa... sincera y desnuda)
merci,
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