No, no son los ciclistas que gobiernan con mano dura el reino del carril bici, ni las Birkenstock con calcetines blancos, ni ese regustillo ochentero en los atuendos y looks en general, ni la hegemonía del agua con gas sobre la "normal", ni la comida grasienta rehogada en patatas y chucrut, ni la falta de barras de pan en detrimento de mil tipos distintos de brötchens, ni la manía de cobrarse las propinas automáticamente de la cuenta, ni los sobacos femeninos sin depilar...
No, lo más aterrador del país de la cerveza y el bratwurst, con lo que todos sudan en sus peores pesadillas es el Stau (oséase, el "atasco"). Me advirtieron de su aterradora omnipresencia, que al parecer responde a una situación de colapso en la red de autopistas que resulta insufieciente para el número de coches.
Ayer volviendo a Berlín con Deluxe sonando en el CD, las gafas de sol, los pies descalzos y el aire acondicionado nos las prometíamos muy felices cuando caímos como corderillos ilusos en las garras de un Stau que echó por tierra cualquier previsión horaria de llegada. La verdad es que después de la tragicómica estancia en la Isla de Rügen casi nos tomamos a cachondeo la situación. Total, prisa era precísamente algo que no teníamos.
Así que siguiendo esa máxima de "donde fueres haz lo que vieres" apagamos nuestro método de locomoción y nos apeamos de él para vivir el momento. Pero en vez de mirar con cara de alcachofa el mar de coches parados optamos por descojonarnos y hacernos fotos en medio del atasco (una actitud que ha generó cierta estupefacción entre los allí presentes).
Mientras en el sentido contrario los coches pasaban volando el nuestro era el carril chill-out, de la parsimonia y el relax. Todos estirando las piernas, hablando por el móvil, meando en el bosque, comiendo, bebiendo, fumando, departiendo con los demás...
Se nos pasó por la cabeza sacar las raquetas de badmington que llevábamos en el maletero pero al final nos contuvimos y decidimos dedicarnos a la observación y disfrute de la variopinta fauna humana con la que compartíamos cautiverio automovilístico. Y créanme, en estas tierras abundan los personajes cuanto menos curiosos, fascinantes a su manera (no entraré en detalles porque daría para otro post).
Total, que perdimos hora y media, cayó algún que otro "joder macho", algún que otro suspiro, pero finalmente mi primer cara a cara con el famoso Stau no resultó especialmente traumático. Será que me pilló de buen rollo, será que me pilló en buena compañía, será que me pilló descansado. No lo sé, pero oye, desde luego no fue tan fiero el león como lo pintaban.
Y con todos ustedes el innombrable, el maldito, el legendario Stau germano:



2 turbulencias:
Si todos los stau son así, me pido ser copiloto forever!!! Eso sí, la próxima vez sacamos las raquetas!!
Bacione
Sigo todas vuestras aventuras berlinesas, desde la costa de Montevideo. Lo que son las cosas. Me alegro de que todo vaya sobre ruedas...
Y ya puestos, copio el mismo comentario para los dos blogs (¿qué dos blogs se preguntará la gente?), y os pregunto:
¿para cuando un blog común? ¿no sería mucho mejor que estar lanzando indirectas en cada post hacia el otro blog?
Que poco pragmatismo por Dios...
Besos enormes a ambos (otra indirecta "interbloguera")
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