Hay una especie de emoción, de liberación en eso de acariciar la fuerza de la gravedad con las yemas de los dedos. Cuando no se trata ya de intuir el borde del abismo sino de observarlo en exquisito plano cenital, de saborear y relamer la caída. De saber que ya no hay marcha atrás pero por lo menos hay movimiento. Y el movimiento es cambio. Y el cambio es un nuevo comienzo, la opción de empezar no ya de cero, de dos, de ocho o de tres y medio sino de nuevo. Sea como sea. Y yo, aunque conformista por naturaleza, de vez en cuando necesito rehacer el castillo de arena. O que las circunstancias me empujen a ello. Como casi todo el mundo supongo. O no.
Ha pasado ya tiempo desde aquel marzo del 2007. Parece mentira. Un periodo extraño de mi vida, una gráfica de picos de sierra en la que he conocido lugares, costumbres, actividades, formas de pensar y sobre todo gentes que me han cambiado, que de verdad creo que me han hecho mejor persona y que, por mil razones, guardaré con cariño en la memoria...
La primera salida con Chechu al valle de Chistau, Elsa con un anzuelo clavado en la cabeza en el embalse de Mequinenza, Pablo vestido de apicultor panicando con las abejas de Abizanda, la sesión de fotos en Belchite viejo con Juanjo, los hippies de Olba, la noche de vinos en Sarrión con Alberto, Sara con fiebre descojonándose de la danza de apareamiento del avestruz en Barbastro, la gallina trufada de Melsa, Arrabal y yo encayados en el barro con el coche de alquiler en Almudevar, todas esas entrevistas rodeados de ovejas bajo la lluvia, las jarras congeladas de Ainoza, el 'movimiento oléico' de Calles, los consejos y la fuerza de Cristina...
Son muchos los recuerdos, las sensaciones, los momentos y desde luego no hay sitio aquí para hacerles justicia a todos. Sólo quiero dar las gracias a toda esa piña de gente que hemos recorrido pueblos, valles, montañas y senderos, que nos hemos soportado en los buenos y en los malos momentos y que hemos compartido, durante más o menos tiempo, un bonito proyecto en el que nos hemos dejado la piel pero, qué cojones, también hemos disfrutado como enanos.
Esta es mi lápida personal a todo esto. La última foto de la última grabación del pasado viernes en el último de nuestro enclaves rurales: la ermita de Nuestra Señora de Treviño, junto a Adahuesca.
Adiós Tempero.
Tú
Hace 1 hora.



5 turbulencias:
Descanse en paz. Amigos y ex-compañeros le recordarán siempre con cariño.
Una pena la verdad...
Un abrazo!
Una entrada agridulce. Agria por el fin de una etapa que te ha aportado tanto, y dulce por tus palabras, que están llenas de optimismo.
Como dice mi madre: si se cierra una puerta, se abre una ventana.
Besos campestres
... necesita otra nave capitán sparrow..
sí, definitivamente... si yo fuera su matasan@s, le recetaría yo un viaje intergaláctico a ver qué tal le sentaba...
Si miras al fondo, en aquella pequeña callejuela, verás que se esconde una nueva oportunidad, un aventura más interesante que exprimir y descubrir. Tempero fue una etapa, pero hay otra ya esperando para ser encontrada o para que te encuentre. Muy pronto, ella te buscará.
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