seguía enamorándome de ti
cada vez que volvías a bajar
con sonrisa atolondrada
y un rojo helado en las mejillas.
A veces echo de menos la sensación de adentrarme por primera vez en ciertos discos. Cualquiera de esos que siempre asocio a un momento, a una época, a una sensación determinada. De esos que reescucho pasado el tiempo con una sonrisa y las retinas convertidas en dioramas. Tiendo a pensar que ya no sucede tan a menudo pero puede que simplemente haga falta esperar a verlo desde la perspectiva ¿no? Dicen que la magia nunca muere si uno no quiere.
"Round here we always stand up straight.
Round here something radiates"
Entre la neblina de una ligera resaca acabo de recordar que hoy he soñado con George Orwell. Hablábamos de las líneas de Nazca, del misterio de Oak Island, del número phi, de las pirámides egipcias, del cerebro reptilíneo... Mientras me narraba las desventuras del estado policial norcoreano se sacaba de la chaqueta un ejemplar de 1984 y me lo regalaba diciéndome que hace más de 50 años él ya vaticinó hacia dónde se encaminaba nuestra sociedad. "Sé de que va tu libro y todo eso pero la verdad es que nunca lo había leído. Gracias". Luego le preguntaba si había visto Gran Hermano a lo que él, muy digno y ofendido respondía: "yo no veo esas cosas". "Haces bien. Yo también procuro no hacerlo". En algún momento de la conversación sonaba una canción del jodido Yan Tiersen. Era un móvil, concretamente el suyo. Me pedía disculpas, lo cogía y se alejaba unos metros para ponerse a hablar de forma airosa y alegre con su interlocutor. "¡Hombre!, ¿qué tal? Hace tiempo ya... sí, sí, sí, pues claro, a ver cuando nos juntamos, bla, bla, bla". En ese instante yo sólo podía pensar: macho George, eres un farsante como un piano de grande.
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turbulencias
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- Dime, ¿qué es lo que quieres?
Sólo pídemelo y será tuyo.
- Quiero ser capaz de darle vueltas
sólo a aquello que importa de verdad.
Y lo demás simplemente dejarlo correr.
- ¿Sólo eso? ¿De entre todas las cosas
seguro que eso es todo lo que quieres?
- Sí, aunque parezca poco
es lo único que necesito ahora mismo.
- Me lo pones muy fácil.
- De verdad que asi lo espero.

Me despido, salgo, bajo las escaleras y camino de vuelta a casa. Decido andar en vez de tomar un taxi o averiguar el bus adecuado. No queda lejos, no voy sobrado de dinero y odio el transporte urbano. Razones de sobra. Llevo bajo el brazo esta carpeta enorme que me han dado. No me cabe en la bandolera. Mañana traeré la grande. Refresca, ya es de noche y me gusta la sensación de subirme la cremallera de la sudadera hasta arriba, hasta que me roza la barbilla y junto al foulard crea un muro impenetrable y seguro. Hay algo en esto que me recuerda a Barcelona, a salir de clase con la cabeza serpenteante de datos y la sensación de que soy una persona más o menos de provecho. Alguien a quien le espera algo, en algún lugar nuevo por descubrir. Uno se cansa de ser un parásito, un parásito remunerado. En un paso de cebra una quinceañera me pide fuego. Se lo doy. Es sólo una cría, demasiado joven para fumar. Seguramente al terminar el cigarro se comerá un chicle y al subir a casa ira directa al baño para lavarse los dientes antes de darle un beso a mamá que le olerá el humo en la ropa y se preocupará pensando en las malas amistades de su retoña. Es la eterna canción. Ya he llegado. Han sido 15 minutos de reloj. Menos de lo que esperaba. Me tomo una caña con limón en el bar de las rumanas antes de subir a casa y ojeo los apuntes. La camarera lleva las uñas largas e inmaculadamente rojas. Al pasarme el vaso sobre la barra me rozan la mano y pienso que son vulgares. Que igual en Rumanía son una especie de demostración de estatus pero que aquí, para mí, son tremendamente desagradables. Me termino la caña y subo a casa. El sonido de la llave, de la puerta cerrándose y luego silencio. Me asomo al salón. Enciendo la lámpara de vidriera. Mañana tengo que cambiarle el heno a Fuyu sin falta. También debería ponerle pilas al reloj. Miro el sofá. Hace unas horas me acurrucaba allí junto a ella, acariciando su cintura y oliendo su respiración. Cada vez soy más incapaz de estar solo.
Olvida este mundo.
El huracán se lo llevó.
Vi cómo volaba por los aires
con cara de susto contenido
mientras se despedía con la mano.
Estiré cada falange de cada dedo,
me erguí largo, firme como un árbol
pero ya estaba demasiado lejos,
ya era demasiado tarde.
Tarde incluso para mí...
Sólo pude decirle "gracias".
Creo que me leyó los labios.
Ya sea en solitario o al frente de los Metric la señorita Emily Haines tiene algo.
Ah sí, yo tengo clara-cristalina mi respuesta: Beatles.
Últimamente parece que la humanidad se ha confabulado para intentar que me enganche a The Wire. Vaya donde vaya siempre aparece alguien dispuesto a hablarme de las maravillas de una serie que lleva camino de convertirse en mi elefante blanco particular, hablando en términos televisivos.
Voy a una exposición con Johny y un tipo de Artix me habla de ella, quedo con Nacho para un concierto en La campana de los perdidos y me la recomienda al tiempo que llegamos a la conclusión de que los personajes de mis historias son del tipo "romántico", me largo a Barna para visitar a Héctor y mientras nos liquidamos una botella de licor holandés a las cuatro de la mañana me dice que el guión en cuestión es impresionante...
A todos ellos les digo que desde los tiempos de 'Los caballeros del zodiaco' y 'Oliver y Benji' a lo único a lo que me he enganchado es a 'Lost', que no soy muy de series y que con la gente del vuelo Oceanic me basta y me sobra.
Soy una especie de John Locke al que le es imposible traicionar a La Isla y, como buen Tauro tozudo, sólo hace falta que me insten a hacer algo para que decida hacer lo contrario.
Hace un par de semanas volví a ponerme el E Mule, lo que significa que entre disco y disco para Nalda me estoy metiendo en vena la 5ª temporada (gracias a Lostzilla) y sólo he de decir que echo de menos a Charlie...
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Dentro de aquella burbuja
a la que solíamos llamar "hogar"
la noche y el día no eran más
que un enorme escenario bipolar.
Algo parecido a un diorama suspendido
sobre nudos, siergas y raíles
que se mantenía en pie con la esperanza
de que nuestra particular tragicomedia
le diese algo de vida, de movimiento.
Y entonces fue cuando entendí
que todo, absolutamente todo
estaba en mis manos.
No soy muy de aglomeraciones ni de folklore en general así que lo de las Fiestas del Pilar es algo que, digamos, nunca me ha acabado de hacer "tilín" precísamente y por lo tanto no suelo participar demasiado activamente de ello.
Llámenme elitista pero salir a las calles y verme inmerso en una horda de turistas, familias vestidas de 'vete tú a saber qué traje típico regional', charangas, grupos de quinceañeros peñistas con cara de pasados de rosca y demás cosas ruidosas en movimiento es algo que me aterra. Prefiero esperar a que pase la vorágine y disfrutar de la ciudad del viento en un estado de normalidad.
En todo caso no deja de gustarme eso de salir a dar una vuelta por las calles del Casco Viejo (donde se corta el bacalao en estas fechas) para oler un poco el ambiente desde la barrera. Y si a la ronda de champiñones del 'Champi' con Nalda y compañía se unen un pato con flequillo y un Mickey Mouse maquillado a lo Kiss pues mejor que mejor. Entonces hasta la militancia pasional hacia "la pilarica" se mira con otros ojos.
No estoy descubriendo nada. El señor Ashley Wood no es ningún desconocido. En la última década este ilustrador australiano ha ganado múltiples premios, trabajado para compañías tan prestigiosas como Dreamworks, Konami, Warner Bros, Marvel Comics, DC Comics o McFarlaine Entertainment (nada más y nada menos que en la mítica saga de Spawn) y se ha convertido en todo un referente de la ilustración moderna. Pues eso, no estoy descubriendo nada pero eso no es razón para que deje de mostrar mi admiración por su obra.
Para más señas os invito a visitar su blog o su web oficial.
Tras la seguridad y el anonimato de unas lentes polarizadas y con los órganos auditivos alerta como perrillos de las praderas, la pareja de científicos disfrutaba en sigilo del espectáculo de la vida en estado puro, de la naturaleza humana y de los estragos que el paso del tiempo ejerce sobre ésta. Un documento apasionante...
Allí, junto a las aguas, liderada por un macho alfa (claramente diferenciable por su posición erguida y dominante) la pequeña manada disfrutaba de los reconfortantes rayos solares del mediodía. Ése y no otro era el momento elegido por el grupo para debatir sobre el mundo, sobre la existencia, sobre esos pensamientos abstractos y profundos que marcan la diferencia entre el hombre y el resto de los animales.
Y de entre todos ellos, los científicos (tras arduo proceso de 'inclusión-exclusión') apuntaron uno, sólo uno, el más lúcido, sobre su pequeña libreta de científicos: "yo lo que no entiendo de hoy en día es eso de que el marido esté trabajando mientras la mujer se va por ahí de bailes".
Sin duda una reflexión sobrecogedora y fascinante que por sí sola dotaba de sentido a la investigación al mismo tiempo que arrojaba nuevas preguntas cuyas respuestas sólo podrían ser descubiertas por medio de nuevos estudios venideros. Y es que el trabajo científico de campo requiere paciencia, metodología, dedicación y constancia.
* La instantánea fue tomada desde un hide cuidadosamente camuflado junto a una palmera situada en contra del viento, tras horas y horas de espera hasta que los indivíduos por fin se mostraron en actitud relajada.
Soy una garganta ocupada sacando brillo al cuchillo.
Y aunque nada lo anticipe, aunque no lo parezca
sólo intento que todo vuelva a estar en su sitio.
Llueve y tengo la ropa tendida, pero no se moja. La trayectoria vertical de las gotas hace imposible que el agua colonice mi terraza. Es todo un detalle atmosférico.
La calavera de la camiseta de St. Pauli me observa del revés. Ahora su orificio nasal tiene forma de corazón. Es un perfecto corazón calavérico. Curioso.
Llueve en la ciudad del viento, suave pero constante, como por inercia. No sé si odio más la lluvia o el viento pero sí sé que las despedidas pasadas por agua tienen algo de trágico.
Cierro la puerta con las chanclas empapadas y soy un león enjaulado, "con cara de pena". Porque lo quiero todo, no sólo un poco. Porque en cuanto te vas quiero que vuelvas.
Llueve y contra todo pronóstico no le encuentro el atractivo. No hay magia, ni melancolía, ni inspiración, ni nada que rescatar del asfalto. Sólo agua.
Mañana miraré el reloj, me subiré por la pared, perseguiré a las arañas e imaginaré que la lluvia de hoy fue un rumor lejano, parecido al de la marejada, que escuché mientras buscaba refugio contigo..
No sé, será por el buen día de ayer, por el viaje, por la compañía, por las risas, por las tapas y cañas con limón de la calle Laurel, porque Fuyu (de quien hablaré largo y tendido más adelante) duerme ya en su nuevo hogar, porque estoy tranquilo...
Me ha venido a la cabeza Live, grupo que me trae muy buenos recuerdos de tiempos lejanos. Tiempos en los que tenía pocas preocupaciones y básicamente disfrutaba de la vida, una sana costumbre que, de un tiempo a esta parte, he retomado.
Hoy he dormido mal, me he despertado como un jodido zombie catalépsico pero enseguida me he puesto en marcha. Hace un buen día de sol y tengo cosas que hacer. Me gusta tener cosas que hacer cuando podría no tener absolutamente nada que hacer.
Lo dicho, me han venido a la cabeza el grupo de Ed Kowalczyk y las sensaciones que solían producirme cada uno de los temas del magnífico Throwing Copper.
Si es que vivimos en una rueda de hamster ...
"Forces pulling from the center of the earth again. I can feel it"
